Eran las 9 de la noche cuando una amiga me llamó asustada por una fuga de gas.
Una fuga genera miedo y es natural que la mente viaje al peor escenario posible.
La empresa que comercializaba el balón logró ayudarla a controlar la situación. Sin embargo, mientras intentaban entender lo ocurrido, empezó a revelarse una cadena de decisiones que explicaban cómo habían llegado hasta allí.
- No tenía el comprobante de pago.
- La compra había sido realizada a través de un tercero sin identificación clara.
- El balón había sido transportado por un medio no autorizado.
- Y la instalación la había realizado ella misma.
Ninguna de esas decisiones parecía importante cuando fueron tomadas, pero juntas habían creado las condiciones perfectas para un problema.
Las crisis rara vez empiezan cuando aparece el problema, empiezan mucho antes.
Empiezan cuando decidimos sin información suficiente y porque vivimos en automático.
- Compramos en automático.
- Decidimos en automático.
- Repetimos hábitos en automático.
- Confiamos en automático.
Por eso me gusta pensar que la consciencia es un músculo, que necesita entrenamiento.
Cuanto más conscientes somos de nuestras decisiones, más capaces somos de anticipar sus consecuencias.
No hablo solo del gas.
Lo veo en las finanzas, en los negocios, en las relaciones y en la salud.
Esperamos a que aparezca la crisis para prestar atención a lo que antes parecía irrelevante.
Llevando al ámbito de empresarios, gerentes y líderes.
Las crisis rara vez comienzan el día que explotan.
Comienzan mucho antes, cuando dejamos de prestar atención a información que parecía poco importante.
En una empresa puede ser un indicador.
En una familia puede ser una decisión de compra.
En ambos casos, la estrategia consiste en actuar antes de que el problema aparezca.
Por eso suelo decir que liderar no es solamente reaccionar bien cuando llega una crisis.
Es crear las condiciones para que esa crisis tenga menos probabilidades de ocurrir.
Y eso aplica tanto para una empresa como para un hogar.
Cuando hay una fuga de gas es normal ponerse nervioso. No es momento para discursos sobre calma o serenidad. Lo único que quieres es proteger a tu familia.
Por eso la estrategia debe comenzar antes.
Desde mi experiencia, recomiendo tres prácticas simples:
-
Comprar siempre a proveedores formales y verificables.
-
Solicitar instalaciones realizadas por personal autorizado.
-
Mantener condiciones adecuadas de ventilación y seguridad en el hogar.
La emergencia pasa. El aprendizaje debería quedarse. Muchas veces simplemente elegimos sin prestar atención.
Sin detenernos a observar.
Quizás por eso entrenar el músculo de la consciencia sea una de las inversiones más importantes que podemos hacer en una empresa, una familia y en la vida.
— Zendy Pinedo
Diario de una Estratega